Yona, el profeta reacio. Parte 4: la última palabra - Capítulo 12: concluir con una pregunta
(י) וַיֹּ֣אמֶר יהוה אַתָּ֥ה חַ֙סְתָּ֙ עַל־הַקִּ֣יקָי֔וֹן אֲשֶׁ֛ר לֹא־עָמַ֥לְתָּ בּ֖וֹ וְלֹ֣א גִדַּלְתּ֑וֹ שֶׁבִּן־לַ֥יְלָה הָיָ֖ה וּבִן־לַ֥יְלָה אָבָֽד׃ (יא) וַֽאֲנִי֙ לֹ֣א אָח֔וּס עַל־נִינְוֵ֖ה הָעִ֣יר הַגְּדוֹלָ֑ה אֲשֶׁ֣ר יֶשׁ־בָּ֡הּ הַרְבֵּה֩ מִֽשְׁתֵּים־עֶשְׂרֵ֨ה רִבּ֜וֹ אָדָ֗ם אֲשֶׁ֤ר לֹֽא־יָדַע֙ בֵּין־יְמִינ֣וֹ לִשְׂמֹאל֔וֹ וּבְהֵמָ֖ה רַבָּֽה׃






10) Entonces el SEÑOR dijo: “Tú te apiadaste de la planta, por la cual no trabajaste ni la hiciste crecer, que en una noche nació y en una noche pereció. (11) ¿Y no he de apiadarme Yo de Nínive, aquella gran ciudad, en la que hay más de ciento veinte mil personas que no saben distinguir su derecha de su izquierda, y también muchos animales?”



Desde que comenzamos a leer Yonah, Erica nos advirtió que no importa cuantas vueltas uno le quiere dar al libro, todo es un misterio. Tal vez no sea una casualidad que todo el libro termina ni mas ni menos que con el simbolo del misterio: una pregunta. Es una pregunta provocadora: si Yona se compadece de una planta efímera, ¿cómo no va a compadecerse Dios de una gran ciudad llena de personas y animales?
Ese final en forma de pregunta tiene varias implicaciones:

1) Yona se aferra a la consistencia y al juicio duro, tanto para los demás como para sí mismo. Dios le muestra que la misericordia y la preocupación por la vida son más grandes que una justicia legalista.

2) El libro no cierra con certezas: no sabemos si Yona entendió, si cambió, si volvió a la ciudad. Eso deja la historia en manos del lector: somos nosotros quienes debemos responder a la pregunta de Dios.

3) La Teshuvá no es sólo coherencia o castigo, sino abrirse a una mirada divina más amplia, capaz de abarcar incluso a quienes “no saben su derecha de su izquierda”.




El lugar de Yonah en la liturgia de Yom Kipur

Yona quería un mundo perfecto, sin contradicciones, donde cada pecado fuera castigado y cada arrepentimiento fuera “total” y exacto. Su enojo era que Dios perdonara lo que Yonah consideraba una teshuvá incompleta o poco honesta por parte de los ninivitas.
Pero, ¿qué debemos pensar del hecho de que se nos ordene leer su historia en la tarde del día más sagrado del calendario judío? Esto mismo fue decretado en el Talmud (Meguilá 30a) en un pasaje extenso y curioso:



בְּיוֹם הַכִּפּוּרִים קוֹרִין ״אַחֲרֵי מוֹת״, וּמַפְטִירִין ״כִּי כֹה אָמַר רָם וְנִשָּׂא״. וּבַמִּנְחָה קוֹרִין בָּעֲרָיוֹת וּמַפְטִירִין בְּיוֹנָה.



En Yom Kipur leen la sección de “Después de la muerte” (Levítico 16), y como haftará leen la sección de “Así dice el Altísimo y Sublime” (Isaías 57:14–58:14), que trata sobre el ayuno y el arrepentimiento. Y durante el servicio de la tarde leen de la sección que detalla las relaciones sexuales prohibidas (Levítico 18) para transmitir la gravedad de estas transgresiones, de modo que si alguien hubiera incurrido en alguna de estas prohibiciones se arrepienta en Yom Kipur. Y leen como haftará el libro de Yona, que menciona el arrepentimiento del pueblo de Nínive.



No se plantea ninguna pregunta acerca de la inclusión de la historia de Yona en el canon. La ubicación de Yona como haftará para la lectura de la Torá sobre las relaciones sexuales prohibidas en Levítico intensifica el extraño emparejamiento de lecturas bíblicas y no puede ser ignorada. ¿Qué intentaban lograr los sabios en este día tan solemne con estas extrañas elecciones litúrgicas?
EB: Yona es un libro sobre el poder de la gracia de Dios y su alcance. La misericordia, la verdadera misericordia, no está limitada por tribu, raza o color, de la misma manera en que la bondad hacia los propios no es tanto una forma de ternura como una expresión de seguridad y resguardo dentro de la propia póliza de seguro. El amor de Dios no tiene tales límites. La expresión formulada de la compasión divina está escrita en los Salmos —y el mismo lenguaje es usado por Yona— e incluye repetidamente a todas las criaturas de Dios.



(ח) חַנּ֣וּן וְרַח֣וּם יהוה אֶ֥רֶךְ אַ֝פַּ֗יִם וּגְדׇל־חָֽסֶד׃ (ט) טוֹב־יהוה לַכֹּ֑ל וְ֝רַחֲמָ֗יו עַל־כׇּל־מַעֲשָֽׂיו׃



(8) El SEÑOR es clemente y compasivo, lento para la ira y grande en misericordia.
(9) El SEÑOR es bueno con todos, y Su compasión está sobre todas Sus obras.



Dios cuida de las criaturas no solo por lo que hacen, sino por el hecho mismo de ser Sus criaturas. El versículo final (“¿Y no he de apiadarme Yo de Nínive… y también de los animales?”) muestra que la misericordia divina se extiende incluso a los inocentes, ignorantes y a la creación entera.
Esto también apunta a una comprensión de la teshuvá que difiere entre Dios y el profeta (en extension el ser humano - todos nosotros). En la visión rígida de Yona (el ser humano), cada pecado era contado y debía rendirse cuenta por él. Las transgresiones se enumeraban y debían señalarse, una tras otra, especialmente en un pueblo cuyas faltas se acumulaban en una exasperante montaña de maldad. La conducta, buena o mala, era cuantificable. Pero para Dios, una vida con sentido no se mide con este tipo de microcontabilidad. La teshuvá, en su sentido más amplio, es la capacidad de construir o reconstruir una relación que trasciende obstáculos puntuales y caídas etiquetadas. Los pecados siguen allí, pero con arrepentimiento ya no funcionan como una barrera en la relación entre el ser humano y lo Divino.
Al final del día, cuando estamos abrumados por la cantidad de veces que hemos golpeado nuestro pecho en contrición y nos sentimos profundamente inseguros acerca de nuestro destino en el año que comienza, hay una certeza absoluta: el amor de Dios. Si contáramos cada pecado, como nuestra liturgia y tradición nos invitan a hacerlo, podríamos quedar paralizados por la autocrítica y el desprecio hacia nosotros mismos. Sin embargo, si comprendiéramos que, aunque debemos hacer lo posible por nombrar y rendir cuentas por nuestras faltas, estas en última instancia no se interponen entre nosotros y un Dios amoroso, nuestra visión del mundo se transformaría radicalmente. La misericordia nos saca de la mirada microscópica del pecado para llevarnos a la comprensión amplia de un mundo en el que reina la compasión de Dios y que va mucho más allá de nuestras detalladas listas de errores.



El particularismo de Yonah y el mensaje de Dios

הרב אברהם יצחק הכהן קוק, "שיר מרובע." באורות הקודש, חלק ב, דף 444
יש שהוא שר שירת נפשו, ובנפשו הוא מוצא את הכל, את מלא הסיפוק הרוחני במילואו. ויש שהוא שר שירת האומה, יוצא הוא מתוך המעגל של נפשו הפרטית, שאינו מוצא אותה מרוחבת כראוי ולא מיושבת ישוב אידיאלי, שואף למרומי עז, והוא מתדבק באהבה עדינה עם כללותה של כנסת ישראל, ועמה הוא שר את שיריה, מצר בצרותיה, ומשתעשע בתקוותיה, הוגה דעות עליונות וטהורות על עברה ועל עתידה, וחוקר באהבה ובחכמת לב את תוכן רוחה הפנימי. ויש אשר עוד תתרחב נפשו עד שיוצא ומתפשט מעל גבול ישראל, לשיר את שירת האדם, רוחו הולך ומתרחב בגאון כללות האדם והוד צלמו, שואף אל תעודתו הכללית ומצפה להשתלמותו העליונה, וממקור חיים זה הוא שואב את כללות הגיונותיו ומחקריו, שאיפותיו וחזיונותיו. ויש אשר עוד מזה למעלה ברוחב יתנשא, עד שמתאחד עם כל היקום כולו, עם כל הבריות, ועם כל העולמים, ועם כולם אומר שירה, זה הוא העוסק בפרק שירה בכל יום שמובטח לו שהוא בן העולם הבא. ויש אשר עולה עם כל השירים הללו ביחד באגודה אחת, וכולם נותנים את קולותיהם, כולם יחד מנעימים את זמריהם, וזה לתוך זה נותן לשד וחיים, קול ששון וקול שמחה, קול צהלה וקול רנה, קול חדוה וקול קדושה. שירת הנפש, שירת האומה, שירת האדם, שירת העולם, כולן יחד מתמזגות בקרבו בכל עת ובכל שעה. והתמימות הזאת במילואה עולה היא להיות שירת קודש, שירת א-ל, שירת ישראל, בעוצם עזה ותפארתה, בעוצם אמתה וגדלה, ישראל שיר אל, שיר פשוט, שיר כפול, שיר משולש, שיר מרובע. שיר השירים אשר לשלמה, למלך שהשלום שלו.


Rabino Avraham Itzjak HaKohen Kook, “El Canto Cuádruple” en Orot HaKodesh, vol. II, p. 444, traducción de Yaakov David Shulman


Hay una persona que canta la canción de su alma. Encuentra en ella todo, su completa satisfacción espiritual, dentro de su propio ser.


Hay una persona que canta la canción de la nación. Da un paso más allá de su alma privada, que le resulta estrecha y limitada. Aspira a lo más alto. Se adhiere con un amor sensible a toda la nación judía y canta su canción. Comparte sus dolores, se alegra en sus esperanzas, habla con pensamientos sublimes y puros sobre su pasado y su futuro, e investiga con amor y sabiduría su naturaleza espiritual más profunda.


Hay una persona cuya alma es tan amplia que se expande más allá de las fronteras de Israel. Canta la canción de la humanidad. Su alma crece constantemente con la totalidad elevada de la humanidad y con su imagen gloriosa. Aspira a la iluminación general de la humanidad. Anhela su perfección suprema. De esa fuente de vida extrae todos sus pensamientos y percepciones, sus ideales y visiones.


Y hay una persona que se eleva aún más hasta unirse con toda la existencia, con todas las criaturas y con todos los mundos. Y con todos ellos canta. Esta es la persona que, al recitar el Perek Shirah cada día, tiene la seguridad de que es un hijo del Mundo Venidero.


Y hay una persona que integra todos estos cantos juntos en un solo conjunto, de modo que todos hacen oír sus voces, todos cantan dulcemente sus canciones, cada uno nutre al otro con plenitud y vida: la voz de la felicidad y la alegría, la voz del regocijo y la melodía, la voz del júbilo y la voz de la santidad.

La canción del alma, la canción de la nación, la canción de la humanidad, la canción del mundo… todas se entrelazan en esta persona en cada momento y en todo tiempo. Y esta simplicidad en su plenitud se eleva para convertirse en una canción de santidad: el canto de Dios, el canto que es simple, doble, triple, cuádruple, el Cantar de los Cantares de Shlomó, el rey caracterizado por la plenitud y la paz.

Yona cantó la canción de su propia alma. También cantó la canción de Kneset Israel, “el pueblo judío”, al menos por un tiempo. Sin embargo, no permitió que su alma se deleitara en la grandeza de la humanidad. Se detuvo por completo en Nínive.
Dios usó elementos de la creación (pez, planta, gusano, viento) para mostrarle a Yona el cuidado constante de lo creado. Aun así, Yona no cambió: permaneció cerrado en su estrechez. La enseñanza final es que la misericordia verdadera se extiende a todos: judíos, no judíos, e incluso a los animales de Nínive. El mensaje es claro: el amor divino es radicalmente inclusivo, mientras que el particularismo humano corre el riesgo de volverse mezquino.

El "sindrome Yonah"

Pero hay una última misericordia, la gran misericordia final que Dios tuvo que transmitirle a Yona.
Yona pudo haber tenido compasión por su insignificante planta, pero tuvo poca compasión por el hombre indefenso que vivía debajo de ella. Como se mencionó antes, la palabra “gadol” (grande) aparece catorce veces en el Libro de Yona, señalando a sus lectores lo vasto que era el mundo para un profeta intimidado por su inmensidad y abrumado por su pequeñez. Abraham Maslow lo llamó el síndrome de Yona. André y Pierre-Emmanuel Lacocque escribieron un libro entero sobre ello. Yona se convirtió, en términos psicológicos, en la etiqueta de un cierto tipo de comportamiento humano: la huida de la responsabilidad.

Yona, habiendo recibido un llamado a la grandeza, huyó. El llamado de Dios indica una vocación, una señal de destino, la idea de que una persona está destinada a algo extraordinario. Incluso antes de recibir el contenido de un llamado, el mero acto de llamar es una validación de valor, una expresión de afirmación y singularidad. Tal designación no es para todos; muchos rehúyen la atención y la responsabilidad, prefiriendo la vida del antihéroe o de lo ordinario. Lo extraordinario, en el caso de Yona, le fue impuesto. Él no lo buscó. Y por esta designación abrupta, ni deseada ni tolerada, Yona solo vio una opción ante sí: correr hacia donde el alcance de Dios no pudiera extenderse, para así quedar exento del peso de convertirse en extraordinario. Pero no somos agentes libres para renunciar a los planes de Dios para nosotros. Dios le habló a Yona a través de la naturaleza, del encierro, de la sutileza de una pregunta bien colocada. Todo apuntaba en una dirección: un impulso hacia Nínive era también un empuje hacia la realización de la grandeza dentro de Yona que él consistentemente se negó a reconocer.

De todas las razones previamente mencionadas para explicar la huida de Yona —el temor de ser llamado falso profeta, la preocupación de que una Nínive reformada atacara a su pueblo, el estrés teológico de creer que tu Dios es una cosa y descubrir que es otra— ninguna es más conmovedora y llena de sentido personal que el miedo de Yona a concretar su llamado. Más matizado que el simple miedo al éxito, Maslow creía que el descubrimiento de la grandeza podía traer lo que él llamaba exaltación, “pero también trae miedo a los peligros, a las responsabilidades y deberes de ser líder y de estar completamente solo. La responsabilidad puede verse como una carga pesada y evitarse tanto como sea posible.”

El llamado distingue al profeta y lo obliga a prestarse atención a sí mismo, a las señales de su potencial grandeza y de su responsabilidad; le exige que se vea diferente de todos los demás. El intento de Yona de enmascarar esto, al depositarse en un barco entre marineros para desaparecer en las tareas ordinarias de fregar cubiertas y manejar velas, fracasó. Pronto se dio cuenta de que no podía ocultar su singularidad, especialmente cuando lo interrogaron; su diferencia respecto de los demás fue causa tanto de asombro como de alarma. Podemos imaginar a Yona mirando al cielo y hablándole a Dios más que a quienes tenía a su lado:
“Soy hebreo… y adoro al Señor, el Dios del cielo, que hizo el mar y la tierra seca” (Yona 1:9).
En efecto dijo: no puedo huir. Ante esto, sus compañeros se espantaron:
“Los hombres se aterrorizaron en gran manera” (v. 10).

Esto puede explicar la manera en que Maslow entendió específicamente la ansiedad de Yona. El complejo de Yona “es en parte un miedo justificado de ser desgarrado, de perder el control, de ser destrozado y desintegrado, incluso de ser muerto por la experiencia.” El camino hacia la grandeza está lleno de peligros, siendo el principal el miedo al fracaso, que puede paralizar toda autorrealización. Para Yona, estos peligros ocurrieron no cuando respondió al llamado de Dios, sino cuando huyó de él.

Pero lo que se exige de Yona (y de la humanidad en general) es ir más allá de sus propios límites (“hacia la tierra que te mostraré”), porque ha sido elegido (como todos los seres humanos creados a imagen de Dios) por Aquel que está más allá de todos los límites. Aunque el llamado no convierte a Yona en un superhéroe, sí lo saca de su condición de subhumanidad para convertirse —a imagen de quien lo envió— en alguien sin ataduras, liberado y libre. La paradoja es que Yona, antes de recibir el mandamiento de Dios y mientras huía de él, no era libre. Solo cuando uno asume la responsabilidad del mandamiento es verdaderamente libre, porque allí se enuncia por primera vez el proyecto de una persona, su razón de ser, su sentido último.

El verdadero proyecto de Yona, sin embargo, era Yona mismo.

Porque no hay una última palabra. Hay una pregunta, formulada por Dios en su diálogo con Yona. La pregunta queda suspendida, resonante. Habla de la compasión de Dios por aquellos que, en el sentido más profundo, no saben nada; que son ellos mismos como el ganado… La pregunta retórica de Dios claramente invita al asentimiento de Yona. Pero la ambigüedad se cierne sobre este final. ¿Se da por hecho ese asentimiento y por eso no se narra? ¿O existe realmente una pregunta que permanece abierta? Los enigmas, las historias, nunca llegan a un cierre total, al lugar donde ya no hay interpretación posible.

Quizá el libro termina con una pregunta no para sugerir que las conclusiones son inalcanzables, sino para recordarnos que debemos vivir con las preguntas que acosan nuestra existencia humana. Y debemos plantearlas una y otra vez sin sentir que tenemos derecho a una claridad inmediata. Como sugiere el recorrido no lineal de Yona, hay preguntas sobre el servicio, la entrega, la misión y la responsabilidad que nos formularemos una y otra vez, exponiéndonos a las dudas, enfrentando nuestros demonios, encarando nuestros miedos y ansiedades más profundos. Estas preguntas no se hacen más pequeñas. Pueden amplificarse por la importancia de la tarea que tenemos delante. Pero también, con el tiempo y a través de prueba y error, disminuyen en su intensidad o en el miedo que generan dentro de nosotros, a menos que intentemos, como Yona, huir de ellas. Al intentar escapar de nuestras preguntas, ellas nos persiguen con mayor ferocidad.

El poeta Rilke, en Cartas a un joven poeta, aconseja a su discípulo vivir sus preguntas:
“Sé paciente con todo lo que aún no está resuelto en tu corazón y trata de amar las preguntas mismas, como habitaciones cerradas o como libros escritos en una lengua muy extraña. No busques ahora las respuestas, que no pueden serte dadas porque aún no podrías vivirlas. Y lo esencial es vivirlo todo. Vive ahora las preguntas. Tal vez así, gradualmente, sin darte cuenta, vivas un día lejano en la respuesta.”

Yona también tenía que vivir sus preguntas, en lugar de morir a causa de ellas. ¿Podría reunir suficiente compasión por quienes no eran como él? ¿Se dejaría conmover por los problemas de los lejanos hasta arriesgarlo todo por ellos? ¿Podría vivir en un mundo donde Dios privilegiara la misericordia sobre la justicia, o donde la verdad no estuviera escrita con “T” mayúscula? ¿Podemos nosotros formular estas preguntas sin derrumbarnos, sin comprometer nuestra identidad, sino luchando una y otra vez con las mismas compulsiones?

Y así leemos este breve libro en la tarde de Yom Kipur, mientras pensamos en la responsabilidad y en todo aquello de lo que intentamos escapar. Lo leemos después de enumerar las transgresiones sexuales que insinúan impulsos subversivos y demoníacos que a menudo habitan en el ser humano. Contemplamos a un antiguo profeta hebreo que intentó despedirse y decirle adiós a la grandeza, y a un Dios que no se lo permitió. Nos ponemos de pie en este día más sagrado del año, con solo unas horas restantes, y nos preguntamos por qué también nosotros huimos de la grandeza. Date vuelta, susurra una pequeña voz de santidad. Date vuelta ahora y entra en tu vida plena y totalmente. Abraza la posibilidad de la grandeza antes de que se cierren las puertas de este año. Todo te espera.