Yoná, el profeta reacio. Parte 3: transformación radical - Capítulo 8: dos relatos acuáticos sobre la compasión repentina de Dios
Erica Brown traza en este capítulo un paralelismo profundo entre las historias de Yoná y Noaj, más allá de los símbolos acuáticos y los 40 días (40 dias del diluvio y 40 dias Ninive sera destruida). Ambas historias comienzan con una corrupción que llega ante Dios y una orden divina a un ser humano solitario para responder al caos. Sin embargo, mientras Noaj construye un arca para sobrevivir, Yoná recibe la misión de confrontar y transformar. Ambas figuras enfrentan una sociedad en decadencia, pero desde lugares muy distintos: uno desde la pasividad constructiva, otro desde la resistencia profética. Este será ya el tema central de este estudio: ¿cómo reaccionamos frente a la injusticia, el caos y la corrupción? ¿Sobrevivimos o resistimos? Vamos pensar y pensarnos a nosotros mismos al contrastar estas dos grande narrativas del TaNaJ.
Erica critica a muchos que realmente no han profundizado en estas narrativas e imaginan lo siguiente:
Cuando en realidad deberíamos pensar en esto:
"El pintor Francis Darby, a mediados del siglo XVIII, muestra una pequeña franja de tierra, el último pedazo del mundo que Dios creó originalmente, mientras las olas golpean los acantilados y unas pocas personas dispersas se aferran a los troncos de los árboles. Solo al mirar a través de la oscuridad de la escena nos damos cuenta de que la cima de esas últimas rocas no está cubierta de vegetación suelta, sino de seres humanos, clamando por vivir.
El pequeño ángel alado en el lado derecho del lienzo, bañado en luz, comparte su resplandor con una sola persona: Noaj. La culpa del sobreviviente puede por sí sola matar a un hombre."
Y en el caso de Yoná en algo asi:
"Sin embargo, un grabado diferente —el de Yoná siendo expulsado por el gran pez— es hipnótico en su terror absoluto. El pez, con grandes aletas dorsales puntiagudas y dos chorros de agua fluyendo, se aleja de Yoná y regresa al corazón del mar. Yoná se aferra con fuerza, en la oscuridad desoladora, a la orilla rocosa, mirando hacia atrás, no hacia adelante. Su misión es incierta, su miedo se percibe con claridad, y cualquier mirada nostálgica al pez que se va nos recuerda que la única seguridad y refugio de Yoná, irónicamente, estaba en el interior de ese leviatán."

Noaj y Yoná: Dios como Universalista y Particularista

1) El agua es el denominador común más fuerte entre las historias de Noaj y Yoná. Representa el riesgo, la inmensidad, la indiferencia, la amenaza y también la redención. Cada uno se relaciona con el agua de manera opuesta: Noaj se salva gracias a ella, Yoná casi muere por ella. El agua es símbolo de lo incontrolable y de la intervención divina.
2) Las similitudes entre los relatos van más allá de lo superficial; hay una diferencia teológica fundamental: el relato de Yoná representa una evolución en la relación de Dios con la humanidad. Mientras en Noaj el juicio divino se manifiesta en destrucción, en Yoná, Dios prefiere la misericordia y el cambio.
3) Los animales, normalmente símbolos de naturaleza predecible, también se comportan de forma extraordinaria en ambos relatos. En el caso de Noaj, son parte de la corrupción; en Yoná, son instrumentos del cambio y de la ironía divina (el pez que salva, el gusano que destruye la planta).
4) Ambos relatos giran en torno a segundas oportunidades. Dios da a la humanidad y a los protagonistas nuevas posibilidades de rehacer lo que falló. Sin embargo, ni Noaj ni Yoná parecen totalmente comprometidos con las personas a su alrededor.

Obediencia y desobediencia en los relatos de Noaj y Yoná

1) El texto plantea que Noaj y Yoná representan extremos opuestos en la relación con la autoridad divina: Noaj es excesivamente obediente, hasta el punto de no cuestionar la destrucción total del mundo; Yoná, en cambio, es radicalmente desobediente. Noaj sigue órdenes sin levantar la voz por la humanidad, lo que se ve como una falla moral profunda. Este silencio se vuelve parte de su pecado: hacer sin sentir, ejecutar sin protestar, cumplir sin conectar.
2) La tierra, que en Génesis aparece como matriz de vida y bendición, en la historia de Noaj se convierte en instrumento de destrucción, como si la creación misma tomara venganza por el fracaso humano. En cambio, en Yoná, la naturaleza colabora con la redención. Es un cambio profundo: de una tierra que destruye a una tierra que salva. El texto sugiere que la naturaleza, en su indiferencia o en su cuidado, refleja la relación de Dios con la humanidad.
3) El nombre de Noaj ("descanso") tenía la esperanza de traer alivio a la humanidad maldecida por el pecado de Adam y Caín. Pero irónicamente, en su generación no hubo descanso ni reparación. Noaj no fue el líder que guiara un cambio, sino alguien que se encerró en su proyecto sin convocar al arrepentimiento colectivo. Falló en su potencial mesiánico.
4) La narrativa bíblica entrelaza el mandato de destrucción con las instrucciones detalladas del arca. La pregunta clave es: ¿fueron esas instrucciones una distracción técnica o una herramienta de tikún (reparación)? Algunos midrashim afirman que construir el arca era una forma de generar conversación, de abrir un espacio para advertir y despertar a la gente. Pero Noaj no usó esa oportunidad.
5) Ambos personajes tienen una relación ambigua con su liderazgo. Noaj sigue las órdenes sin desafiar a Dios; Yoná desobedece porque no soporta la compasión divina. Ninguno se pone realmente en el lugar de defensor del pueblo como lo harían luego Abraham o Moshé. El texto los presenta como líderes fallidos, uno por sumisión, otro por rebelión.
6) Los sabios discuten la aparente contradicción: Noaj es llamado "justo", pero no hizo nada para salvar a los demás ni para transformar la realidad. Algunos lo defienden por su contexto (era justo en su generación), otros lo critican por su falta de compasión activa. Incluso cuando dejó el arca, se emborrachó. Su justicia era pasiva, no profética.

Contrastes en Yona y Noaj

1) Yoná supo desde el inicio que algo sobrenatural ocurría, porque una tormenta lo puso en el centro del conflicto. En contraste, Noaj —quien recibió instrucciones tan detalladas sobre cómo construir el arca— nunca recibió una señal clara sobre cuándo todo terminaría. Dios fue explícito en la preparación, pero ambiguo en el cierre. Esta asimetría revela una experiencia existencial: Noaj navegó no solo el diluvio, sino el vacío del silencio divino, saliendo a un mundo post-apocalíptico sin guía clara. A diferencia de Yoná, que buscó la soledad, Noaj se encontró con un mundo desolado que impuso el aislamiento.
2) El texto profundiza en la elección de Noaj al enviar primero un cuervo —símbolo de muerte— y no una paloma. Según Tuller Keiter, Noaj temía que la tierra estuviera cubierta de cadáveres y envió un ave carroñera para comprobarlo. El cuervo representa la sospecha, el trauma, el miedo. La paloma —en hebreo, yoná— aparece después como símbolo de vida, esperanza y retorno al hogar. El contraste entre ambas aves marca el contraste entre una búsqueda marcada por el miedo y otra por la esperanza.
3) El texto sugiere que el sufrimiento de Noaj fue mucho más que físico. Encerrado por semanas en el arca, su mente probablemente era un campo de batalla de imágenes de muerte y gritos ahogados. La rutina del cuidado animal no silenciaba los ecos del horror. Este silencio forzado revela otra dimensión del arca: no sólo salvación, sino encierro emocional. Noaj no escapó ileso; cargó consigo el peso invisible de los muertos.
4) El nombre "Yoná ben Amitai", interpretado por Ackerman como "paloma hijo de la verdad", alude a un ser que huye con facilidad y se refugia en las alturas, pero también a uno que gime cuando sufre. El texto sugiere que el nombre no es casual, sino un espejo del alma del profeta: evasivo, frágil, a veces incapaz de soportar el peso de su propia misión. La paloma que representa a Yoná no es un símbolo puro de paz, sino de vulnerabilidad, y quizá por eso es también el vínculo entre su historia y la de Noaj.
5) El texto compara la ida y vuelta del ave de Noaj con el viaje de Yoná. La paloma fue fiel mensajera y solo fue liberada tras cumplir su misión. Yoná, en cambio, viaja y regresa por voluntad propia, sin claridad sobre si realmente completó su tarea. El ave obedeció la lógica del mundo natural; el profeta, la de su conflicto interno. Aquí se ilumina un contraste entre obediencia espiritual y fuga humana, entre misión cumplida y evasión constante.
6) Ambos relatos giran en torno al agua como símbolo envolvente. Pero el ritmo del tiempo en cada historia es radicalmente distinto: el diluvio dura cuarenta días y obliga a una espera prolongada, mientras que en Yoná todo ocurre con premura. Además, mientras Noaj se hace responsable construyendo y cuidando, Yoná duerme en el barco ajeno, poniendo vidas en riesgo por su evasión. El agua representa en Noaj la purificación por medio de la espera; en Yoná, el peligro inmediato que apenas lo despierta.
7) El sacrificio de Noaj al salir del arca simboliza un acto de restitución: el nuevo mundo debe comenzar con una ofrenda, con un gesto de entrega y gratitud. En contraste, los sacrificios en Yoná los hacen los marineros, y son sinceros, pero Yoná los desprecia. Se erige como juez, dudando del valor espiritual de los demás. El profeta se aleja así de la compasión divina, mostrando que el ego puede disfrazarse de fe.

El arrepentimiento de Dios: el surgimiento de un nuevo enfoque

1) Judy Klitsner plantea que la historia de Yoná subvierte la narrativa de Noaj: mientras en Noaj la destrucción es inevitable y Dios no negocia, en Yoná se abre un camino hacia la misericordia. El arrepentimiento divino que antes era una expresión de frustración, ahora es una puerta hacia el perdón.
2) Para que exista un pacto duradero entre Dios y la humanidad, Dios mismo tuvo que flexibilizar sus expectativas. En Yoná, Dios acepta la fragilidad humana y permite que el remordimiento tenga valor. Es una nueva teología: no solo el humano se arrepiente, también Dios lo hace.
3) Ambos relatos contrastan el protagonista con su entorno: Noaj es justo entre malvados, Yoná es terco entre piadosos. Pero en ambos, el verdadero protagonista es Dios. Lo central no es el ser humano individual sino cómo Dios va modificando su forma de relacionarse con el mundo.
4) Después del fracaso del universalismo inicial (Adán, Noaj, Babel), Dios elige una nueva estrategia: formar una nación modelo a partir de Abraham. Esto permitirá alcanzar la universalidad no desde la masa sino desde el ejemplo. Así, la historia de Yoná no es un accidente, sino la consecuencia de ese pacto postdiluviano.
5) El pacto del arco iris no es solo con Noaj sino con toda la creación. Dios promete nunca más destruir todo. Yoná, como profeta posterior, no comprendió esa promesa. Su dificultad para aceptar el perdón a Nínive muestra una desconexión con la teología del pacto universal.
6) Para Dios, el arrepentimiento es la clave para superar el mal. Para Yoná, es una injusticia: que los culpables no paguen. El versículo que dice que a Yoná “le pareció mal un gran mal” muestra que, para él, el perdón de Dios es más escandaloso que el pecado mismo.
7) La historia bíblica muestra que sin particularismo no hay identidad, y sin universalismo no hay propósito. Dios quiere que Israel sea un modelo, pero también quiere que se abra al mundo. El desafío para Yoná –y para nosotros– es integrar ambos polos: pertenecer y abrirse.