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Yoná, el profeta reacio. Introducción: duda profética
Quizás el desafío principal de estudiar el libro de Iona es su familiaridad. Este pequeño libro del Tanaj es leído todos los años en la tarde de Iom Kipur. Esto hace que mucha gente crea que "ya lo conoce" porque sabe de qué se trata la narrativa.
Si hay algo fascinante de esta narrativa -y por eso la leemos en Iom Kipur- es que todos los involucrados realizan un cambio en sus vidas. ¡Todos hacen teshuva incluyendo al mismísimo Dios! Todos menos un personaje: Iona.
Erica llama a Iona un profeta reacio porque si hay algo que constituye a este personaje es su continua resistencia, oposición y falta de entusiasmo. Es un profeta que está "siempre alejado".
Por eso deberíamos empezar por hacernos la pregunta más obvia de todas que es la que generalmente olvidamos: ¿por qué se decidió que este libro forme parte del Tanaj? Veamos que nos dice Radak (Rabi David Kimji, 1160-1235, Francia):
...ויש לשאול למה נכתבה נבואה זו בכתבי הקדש וכולה על נינוה שהיתה מאומות העולם ואין בו זכר לישראל ואין בכל הנביאים זולתה כמוהו ונוכל לפרש כי נכתבה להיות מוסר לישראל שהרי עם נכרי שאינם מישראל היה קרוב לתשובה ובפעם הראשונה שהוכיחם הנביא שבו בתשובה שלמה מרעתם וישראל מוכיחים אותם הנביאים השכם והערב ואינם שבים מרשעם ועוד להודיע הפלא הגדול שעשה האל יתברך עם הנביא שהיה במעי הדג ג' ימים וג' לילות וחי, ועוד שהקיאו הדג ועוד ללמד שהאל יתברך חומל על בעלי תשובה מאיזה עם שיהיו ומוחל להם וכל שכן כשהם רבים:
...Cabe preguntar por qué esta profecía fue escrita en los libros sagrados, si trata exclusivamente sobre Nínive, que era parte de las naciones del mundo, y no hay en ella mención de Israel. No encontramos en todos los profetas otro caso similar.
Podemos explicarlo de la siguiente manera: fue escrita para ser una enseñanza moral para Israel. Pues un pueblo extranjero, que no es parte de Israel, se arrepintió de inmediato en la primera advertencia del profeta y cambió por completo su mal camino, mientras que Israel es constantemente amonestado por sus profetas, una y otra vez, y aun así no se aparta de su maldad.
Además, fue escrita para dar a conocer el gran milagro que Dios, bendito sea, hizo con el profeta, quien estuvo en el vientre del pez tres días y tres noches y siguió con vida, y luego el pez lo vomitó.
Asimismo, para enseñar que Dios, bendito sea, tiene compasión de quienes hacen teshuvá, sin importar de qué nación sean, y les concede su perdón. ¡Cuánto más aún si son muchos los que se arrepienten!
El anti-heroe
La historia de Iona no encaja completamente en el esquema del monomito o viaje del héroe de Joseph Campbell, aunque comparte algunos elementos. A continuación, exploramos por qué Yoná no entra del todo en esta categoría:
1. Falta de una "llamada a la aventura" con voluntad propia
En el esquema de Campbell, el héroe recibe una llamada a la aventura y, aunque a veces la rechaza al principio, finalmente acepta el desafío. A diferencia de un héroe clásico que lucha con su destino o se siente motivado por una búsqueda personal, Iona rechaza completamente la misión y huye en dirección opuesta. No busca aventura, crecimiento o transformación, sino escapar de su responsabilidad.
2. El viaje de Iona es de huida, no de búsqueda
Los héroes de Campbell cruzan un umbral hacia un mundo nuevo y desconocido, donde enfrentan pruebas y adquieren sabiduría. Iona no entra a un "mundo especial" por elección, sino que es forzado cuando una tormenta amenaza el barco en el que escapa. Su "descenso" al vientre del pez no es una búsqueda de conocimiento ni de prueba heroica, sino una consecuencia de su negativa a cumplir su misión. No busca un maestro o mentor, sino que Dios lo obliga a experimentar una crisis existencial dentro del pez.
3. Falta de una transformación interna completa
En el viaje del héroe, el protagonista sufre una transformación profunda que lo convierte en una nueva persona con una visión renovada. Aunque Iona parece arrepentirse dentro del pez y acepta su misión, al final sigue resistiéndose al propósito divino. Después de que Nínive se arrepiente, Iona se enoja con Dios, mostrando que su interior no ha cambiado del todo. No experimenta una "reconciliación con su destino" como un héroe clásico, sino que termina la historia aún en conflicto con la misericordia divina.
4. Falta de un "regreso con el elixir" o recompensa para el héroe
En la última etapa del viaje del héroe, el protagonista regresa al mundo ordinario con un don, conocimiento o poder transformador para compartir con su comunidad. Iona no regresa a su pueblo con una revelación trascendental ni una nueva comprensión. Su historia termina con él enojado y resentido bajo la planta de ricino, mostrando que su visión del mundo no ha cambiado del todo. No hay una reconciliación total con su papel ni una lección transmitida de manera clara.
Historias de ascensos y descensos
De todas maneras, la narrativa de Iona sí comparte ciertas temáticas con otros libros del Tanaj. Uno de los estilos literarios que el Tanaj disfruta es el del ascenso y descenso (y en paralelo también movimientos horizontales opuestos):
A Iona se le pide que "se ponga de pie" y vaya a Nínive. Se pone de pie pero no sigue "el llamado" sino que va para el otro lado del mundo (Tarshish). De la tierra firme se va al agua móvil. Iona desciende al puerto de Yaffo, desciende dentro a un barco, desciende al camarote del barco y desciende a un sueño profundo en el camarote. Sigue descendiendo ahora al estomago de un gran pez que se encuentra en lo más bajo de las profundidades del mundo submarino que aún sigue siendo un misterio. Desde lo más profundo imaginable es escupido nuevamente a la tierra y ¡oh casualidad! ¡Es la tierra de Nínive!
Iosef desciende a un pozo, desciende "geográficamente" de la tierra de Cnaan a Egipto, desciende al estatus de esclavo (el más bajo) y desciende a un calabozo. Una vez que toca fondo comienza a ascender y se convierte en el virrey de Egipto.
En el libro de Rut, la narrativa comienza con abundancia y estabilidad en Belén (Beitlejem), pero rápidamente se convierte en una espiral de pérdida. Naomí y su familia dejan su tierra y migran a Moav en busca de sustento (¡qué curioso que en Beitlejem no hay lejem!). En Moav, Naomí pierde a su esposo Elimélej y luego a sus dos hijos, quedando desamparada. Sin esposo, sin hijos varones y sin medios para sostenerse, Naomí regresa a su tierra vacía, no solo en términos materiales, sino también espirituales y emocionales. Su descenso es total. El ascenso lo marca su nuera Rut quien a pesar de su amargura, se aferra a ella con la famosa declaración: "Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios" (Rut 1:16). Rut se casa con Boaz, un pariente redentor (goel), restaurando la estabilidad de la familia. Naomí recupera una línea de descendencia con el nacimiento de su nieto, Oved, quien será el abuelo del rey David. Finalmente, la historia concluye con Naomí sosteniendo en sus brazos a su nieto, símbolo de la plenitud restaurada tras la devastación inicial.
Pero Iona nunca asciende. Se termina moviendo horizontalmente otra vez hacia el este. Ir hacia el este (kedem) no es algo bueno en nuestra tradición:
(ח) וַיִּטַּ֞ע יְהֹוָ֧ה אֱלֹהִ֛ים גַּן־בְּעֵ֖דֶן מִקֶּ֑דֶם וַיָּ֣שֶׂם שָׁ֔ם אֶת־הָֽאָדָ֖ם אֲשֶׁ֥ר יָצָֽר׃
(8) Dios, Adonai, plantó un jardín en Edén, al este, y allí colocó al ser humano que había formado.
(כד) וַיְגָ֖רֶשׁ אֶת־הָֽאָדָ֑ם וַיַּשְׁכֵּן֩ מִקֶּ֨דֶם לְגַן־עֵ֜דֶן אֶת־הַכְּרֻבִ֗ים וְאֵ֨ת לַ֤הַט הַחֶ֙רֶב֙ הַמִּתְהַפֶּ֔כֶת לִשְׁמֹ֕ר אֶת־דֶּ֖רֶךְ עֵ֥ץ הַֽחַיִּֽים׃ {ס}
(24) Fue expulsado; y al este del jardín del Edén fueron colocados los querubines y la espada llameante y giratoria, para guardar el camino al árbol de la vida.
(טז) וַיֵּ֥צֵא קַ֖יִן מִלִּפְנֵ֣י יְהֹוָ֑ה וַיֵּ֥שֶׁב בְּאֶֽרֶץ־נ֖וֹד קִדְמַת־עֵֽדֶן׃
(16) Caín salió de la presencia de Adonai y se estableció en la tierra de Nod, al este del Edén.
(יא) וַיִּבְחַר־ל֣וֹ ל֗וֹט אֵ֚ת כׇּל־כִּכַּ֣ר הַיַּרְדֵּ֔ן וַיִּסַּ֥ע ל֖וֹט מִקֶּ֑דֶם וַיִּפָּ֣רְד֔וּ אִ֖ישׁ מֵעַ֥ל אָחִֽיו׃
(11) Entonces Lot escogió para sí toda la llanura del Jordán, y viajó hacia el este. Así se separaron el uno del otro.
En el lenguaje bíblico ir hacia el "este" sugiere un movimiento de alejamiento de la bondad y la intimidad con Dios, de la santidad y el propósito. Por esta razón Iona es un libro que seriamente nos plantea un desafío teológico: la lucha entre el ser humano y Dios.
Es serio pero también cómico (¡cómicamente grande!)
Una de las curiosidades del libro es que siendo relativamente pequeño (48 versículos en total) la palabra más recurrente es "gadol" (grande o grandioso) que aparece 14 veces. Hay un gran viento, una gran tormenta, un gran pez, Nínive es una gran ciudad. Para alguien como Iona que está intentando escapar de todo, es evidente que todo le parece grande.
Por esta razón y otras más, según el académico Arnold Band, Iona debería ser leído no con seriedad sino como una comedia. Según Band, el autor utiliza la parodia para mostrar lo absurdo de la proposición de Iona de que un profeta puede huir de Dios. La ironía de un profeta durmiendo mientras su barco zozobraba o de un rey que respondió rápidamente a las palabras de un profeta e incluso ordenó a los animales que ayunaran y se pusieran ropas de duelo, todo apunta a un libro que ridiculiza a Iona. Cómo y por qué este libro se transformó en el texto serio que es hoy, según esta teoría, representa un fascinante desvío hacia el mundo de la interpretación (de lo que significó para los primeros oyentes hacia nosotros hoy).
El Iona histórico: fechando al profeta
La peculiaridad del profeta Ioná puede estar relacionada con la época en la que vivió y el contexto en el que lideró. Se estima que la composición data aproximadamente del siglo V o principios del IV a.e.c, aunque la historia que narra se sitúa siglos antes. Su primera referencia se encuentra dentro de los doce profetas menores (en longitud de texto no en importancia), y también aparece en el libro de Ben Sira (Eclesiástico 49:10), escrito alrededor del 180 a.e.c
Históricamente, Iona profetizó durante el reinado de Yerovam II, el decimocuarto rey de Israel, quien gobernó durante más de 40 años en el siglo VIII a.e.c. Yerovam II es mencionado en varios libros proféticos como Hoshea, Ioel y Amos, y es descrito de manera negativa como un perpetrador de idolatría y un rey caracterizado por el exceso material en tiempos de prosperidad. Este contexto político, marcado por corrupción y desigualdad social, produjo una élite gobernante despiadada. Ioná aparece por primera vez en II Reyes 14:25-27, donde Dios decide no borrar a Israel a pesar de su sufrimiento, lo que sugiere que el profeta, aunque sirviera a un rey corrupto, tenía una misión de esperanza y restauración para su pueblo.
Sin embargo, esta misma esperanza para Israel puede haber sido una de las razones por las que Ioná se resistió a su misión en Nínive. Dios había prometido preservar a Israel, y si Iona ahora debía ayudar a una nación enemiga a arrepentirse, ¿no estaba en una posición de compromiso con su pueblo? Su misión lo ponía en una paradoja moral: salvar a sus enemigos podía significar el castigo para su propia nación.
El historiador Flavio Josefo (Antigüedades Judías, Libro 9, 10:2) menciona que Ioná predijo la expansión territorial de Israel mediante la victoria sobre los sirios. Esta visión de Iona como un profeta vinculado a la expansión de su pueblo refuerza la idea de su dilema: haber trabajado por Israel toda su vida y luego ser enviado a salvar a una nación enemiga.
El texto también nos da pistas sobre la procedencia de Iona. Según II Reyes, era de Gat-Jéfer, en la región asignada a la tribu de Zevulún, cerca del puerto de Yafo. Zevulún es una tribu asociada al comercio marítimo, y tanto en la bendición de Yaakov (Génesis 49:13) como en la de Moshé (Deuteronomio 33:18), se les describe como aventureros y viajeros del mar. Esto contrasta con Iona, quien en vez de abrazar su destino como navegante, huye al mar para escapar de Dios. Su viaje no es una búsqueda espiritual, sino una evasión desesperada de su misión.
El Talmud (Eiruvin 96a) también menciona que Iona era hijo de Amitai, un hombre de Zevulún, y su madre era de la tribu de Asher. Esta combinación de tribus es significativa porque Asher es bendecido en la Torá con riqueza y estabilidad (Génesis 49:20, Deuteronomio 34:24-25). Sin embargo, Iona no tiene ni seguridad ni estabilidad, y en lugar de ser "amado entre sus hermanos", es temido por los marineros cuando les revela que huye de Dios (Iona 1:10).
En el capítulo 1, Iona reconoce ante los marineros que su Dios no es un dios local (como en las creencias paganas), sino el Dios del mar y la tierra. Sin embargo, irónicamente, Iona intenta escapar de este Dios en un barco, como si pudiera huir de un Dios omnipresente. Nuevamente, a nivel histórico de otras fuentes que vemos mencionan su nombre, la clave de su rechazo puede estar en su compromiso con Israel. Iona había trabajado para expandir las fronteras de su pueblo y ahora Dios lo envía a salvar una ciudad extranjera, lo que podría significar la futura destrucción de Israel. Su renuencia no es cobardía, sino una forma de resistencia a lo que percibe como una traición a su nación. Esta línea refuerza la idea de que Iona no quería contribuir a la posible caída de Israel en favor de una potencia extranjera.
Su error fue asumir que Dios pensaba como él. Iona quería a un Dios que protegiera exclusivamente a Israel, pero Dios lo obligó a ver que su compasión y misericordia alcanzaban a todas las naciones.
Iona en el cristianismo
Iona ha sido interpretado en la literatura cristiana de diversas maneras, muchas de ellas críticas hacia el pueblo judío. Algunos Padres de la Iglesia, como Teodoro de Mopsuestia, Jerónimo y Efrén el Sirio, utilizaron la historia para argumentar que Israel era un pueblo obstinado, en contraste con la disposición de los ninivitas para arrepentirse. Este contraste fue aprovechado para reforzar la idea de que los judíos rechazaban la verdad, mientras que los gentiles estaban dispuestos a aceptarla.
En el Nuevo Testamento (Mateo 12:38-41, 16:1-4), Jesús se compara con Iona, sugiriendo que así como Iona estuvo tres días y tres noches en el vientre del pez, él estaría en la tumba antes de resucitar. Esta lectura lo convierte en un precursor de la redención cristiana.
Dado que esta lectura se prestaba para interpretaciones antisemitas, los comentaristas rabínicos intentaron contrarrestar la exaltación de los ninivitas argumentando que su arrepentimiento fue superficial y temporal.
El uso litúrgico de Iona
Con todos los peligros que presenta Iona, podríamos haber imaginado que habría una tendencia rabínica a pasar por alto el libro o a esconderlo en un lugar donde sus riesgos fueran menos evidentes. Pero ocurrió todo lo contrario. El Talmud menciona la lectura como parte de la liturgia de Yom Kipur muchos siglos después de que el libro fuera canonizado (Meguilá 31a). Este libro no fue rechazado; se lee en el día más sagrado del judaísmo, justo antes de que la frágil oportunidad del arrepentimiento del día se cierre con la última plegaria: Neilá.
Ubicado en este momento del servicio de Minjá, el texto inevitablemente persigue y desafía a sus lectores con las mismas preguntas que comenzamos: ¿Por qué se decidió que este libro forme parte del Tanaj y sea leído en el día más sagrado del calendario? ¿Qué tiene de tan importante? ¿Qué debemos aprender del libro de Iona?
Si la teshuva (el arrepentimiento) se basa en regresar a Dios, entonces Iona es cada uno de nosotros con miedo a fracasar o miedo a brillar, luchando contra la voluntad de Dios, luchando contra nosotros mismos.
El rabino Abraham Joshua Heschel ve a cada uno de nosotros reflejado en Iona desde una perspectiva ligeramente diferente. Lo ve como un símbolo del ser humano común, que huye de la justicia social y de sus responsabilidades. "Ioná corre hacia Tarsis, mientras Nínive está al borde de la destrucción. ¿No somos todos culpables del fracaso de Iona?"
Heschel relaciona este fracaso con las víctimas de la Guerra de Vietnam, Hiroshima (su propio tiempo de vida) y los campos de concentración que llenaron Europa durante el Holocausto (donde asesinaron a toda su familia). Para Heschel estos son lugares donde la humanidad no vivió de acuerdo con su deber moral.
El profeta debe ser aquel que ve y escucha la injusticia y nos alerta a todos. Pero Iona falló en este aspecto. Se convirtió en uno más de la humanidad, que cierra los ojos a la responsabilidad hacia los demás. Heschel no enfatiza la capacidad intelectual del profeta, sino su papel como un defensor apasionado de la justicia, alguien con ojos y oídos más grandes de lo normal, que ve y escucha lo que los demás prefieren ignorar:
"Para nosotros, un solo acto de injusticia – hacer trampa en los negocios, explotar a los pobres – es insignificante; para los profetas, es un desastre. Para nosotros, la injusticia es perjudicial para el bienestar de la sociedad; para los profetas, es un golpe mortal a la existencia. Para nosotros, es un episodio; para ellos, una catástrofe, una amenaza para el mundo."
Naturalmente, esta lectura es problemática cuando consideramos el comportamiento de Iona. Como profeta fue negligente. No reconoció la importancia del arrepentimiento de Nínive y su terquedad frente a la misericordia de Dios parece completamente desconcertante. Ante la oportunidad de redimir al mundo conocido, Iona huyó lo más lejos posible de su misión.
Y hablando de huir, su huida nos recuerda las palabras del erudito John Gardner:
"Los seres humanos siempre han empleado una enorme variedad de estrategias ingeniosas para huir de sí mismos, y el mundo moderno es especialmente rico en tales artimañas. Podemos mantenernos tan ocupados, llenar nuestras vidas con tantas distracciones, abarrotar nuestras mentes con tanto conocimiento, involucrarnos con tantas personas y recorrer tanto terreno que nunca tenemos tiempo para explorar el mundo aterrador y maravilloso que llevamos dentro. La mayoría de las veces, no queremos conocernos a nosotros mismos, no queremos depender de nosotros mismos, no queremos vivir con nosotros mismos. A la mitad de nuestras vidas, la mayoría de nosotros ya somos expertos fugitivos de nuestro propio ser."
Iona critica a Dios por su misericordia. Pero la compasión de Dios por los demás hizo que la vida de Iona se volviera insoportable hasta que él mismo necesitó esa misma misericordia. Le dice: "¡Por eso huí a Tarsis! Porque sé que Tú eres un Dios compasivo y misericordioso, lento para la ira, abundante en bondad y que revocas el castigo. Por favor, Adonai, quítame la vida, porque prefiero morir a vivir." (Iona 4:13)
Si un profeta prefiere la muerte antes que la vida en un mundo donde Dios manifiesta Su gracia a través de Su preocupación por toda la humanidad, entonces ese profeta está condenado. La vida y la muerte, en última instancia, se vuelven lo mismo.
El libro de Iona cierra de una forma tan extraña como comienza, enmarcando el texto en un misterio. Es el único libro bíblico que termina con una pregunta. Dios, mostrando su descontento ante la persistente negativa del profeta a cumplir su misión, casi desafía a Iona a juzgar la compasión divina. ¿Quién era Iona para negar la misericordia a toda una ciudad y a su ganado, cuando su propósito como profeta era obedecer la voluntad de Dios y actuar conforme a Su imagen de misericordia? Esta pregunta sigue resonando en nosotros al final de Yom Kipur, impulsándonos a reflexionar sobre la justicia, la compasión y hasta dónde se extiende nuestra propia misericordia.
No sabemos qué sucedió con Iona después. Tal vez regresó a Nínive con humildad y continuó su tarea. O quizás fue castigado por su terquedad y desapareció de la historia, desmantelando la pequeña cabaña que construyó para protegerse, mientras lamentaba la pérdida del árbol imposible que creció y murió en un solo día.
Alternativamente, tal vez este final ambiguo—que se analizará con mayor detalle más adelante—indica que Iona ya no era necesario porque había cumplido su misión. La ciudad se arrepintió. Su tarea estaba completa. De todos modos, era tiempo de partir.
En algunas interpretaciones psicológicas del libro, la elección no fue de Dios, sino de Iona. Aunque el profeta logró estabilizarse para cumplir su tarea, eventualmente se hundió de nuevo en la oscuridad que lo había consumido antes.
Desde un punto de vista psicológico, Iona se comporta como una persona profundamente deprimida—sin esperanza, sin fuerzas y sintiéndose como si llevara consigo una enfermedad contagiosa. Su orden a los marineros de arrojarlo al mar se puede leer como un acto de suicidio. La desesperación expresa la sensación de que el tiempo es demasiado corto, demasiado breve para intentar empezar una nueva vida y probar caminos alternativos hacia la integridad.(Lacocque, "El complejo Iona")
Al abandonar Nínive y construir una cabaña para aislarse, el profeta regresa a su estado anterior, esta vez cargado por las fuerzas naturales que antes lo habían perseguido, sostenido y salvado. Iona volvió a ser el mismo de antes, demasiado tarde para identificar nuevos caminos hacia la integridad. Y, sin embargo, leemos este libro en Yom Kipur, el día en que se nos recuerda que nunca es demasiado tarde para encontrar nuevas formas de vivir con integridad, autenticidad y cercanía con Dios.
Especialmente cuando Dios mismo modela el cambio en Su propio comportamiento. Nosotros podemos rendirnos con nosotros mismos. Dios, sin embargo, nunca se rinde con nosotros.